Cuaresma mundana. Cocina y tradición.
Publicado en diario Las Provincias el 02 de Abril de 2026, Viernes Santo. click al enlace
Terminan los días de Cuaresma, «época de reflexión, ayuno y limosna como preparación para conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús», según la costumbre católica. Cuarenta días en los que a su fin, según dicta la tradición religiosa, se sale de un período de tristeza que termina necesariamente con la gran celebración de la Pascua.
El ayuno que proclama la iglesia ha pasado con los tiempos de ser puramente carnal a conceptual, un ayuno de los excesos propios que nos lleven a pensar en la necesidad de los demás. Por el camino se va perdiendo la gastronomía cuaresmal o de vigilia, aquellos pucheros exentos de proteína de origen cuadrúpeda que marcaban las despensas y fogones de no hace tantos años.
Bien es sabido que un gran acicate de la creatividad es la falta de medios, sería bonito en clave culinaria recuperar verdaderamente esta tradición y refrescar el recetario cuaresmal a partir de materias primas locales.
Puede que, inconscientemente y de forma natural y despreocupada ya lo estemos haciendo: viernes de falafell y ceviche, lunes de alcachofas y bacalao al pil-pil, jueves de empanada de espinacas y tiradito, domingos de arroz negro, miércoles de humus y boquerones en vinagre, martes de patatas a la importancia con congrio seco y sábados de ensaladilla y espeto.
Cada vez el escenario de nuestras comidas y despensas se ensanchan más y nuestros registros gustativos van tapando con nuevos platos y arrinconando a lo que definíamos como comida tradicional. Bienvenida esta mezcolanza de platos y recetas llegadas de otras culturas, abracemos esta pluralidad con las manos de lo local, cocinemos aquello con lo de aquí y ganaremos todos, porque la integración o es bidireccional o no será.
La limosna en la Biblia se interpreta como un acto de amor y justicia hacia el prójimo, un “pensar con el corazón”, más que “dar“ es “darse a los demás”. Se me antojan bajo esta definición que son buenos días para mirar hacia nuestro maltratado sector primario, para pensar con el corazón hacia quienes nos proveen de alimentos directamente desde la naturaleza.
Porque el sentido de la vida es una cuestión de mirada, y a través de ella en cuatro frases, hemos practicado el ayuno como vigilia, la reflexión como exploración de nuestra posición en el mundo, y la limosna como pensamiento con el corazón. Quien escribe, que atraviesa la vida desde un ateísmo confeso, lo compra.
¿Y Vd.?

Diego de Velázquez. Almuerzo en Budapest.


